1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Académico Rodrigo Herrera presenta resultados de proyecto FONDECYT sobre gestión colaborativa en proyectos de edificación

La iniciativa desarrolló un sistema orientado a mejorar la planificación, ejecución y control de la fase de diseño en proyectos de edificación, integrando enfoques Lean, BIM y metodologías ágiles.

Durante el mes de enero, la Escuela de Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso fortaleció sus vínculos internacionales mediante la pasantía de investigación realizada por el académico Felipe Galarce en la Emory University, ubicada en Atlanta, Georgia, Estados Unidos.

La visita se desarrolló junto al grupo de investigación liderado por el Dr. Alessandro Veneziani, instancia en la que se dio inicio a diversas actividades de colaboración científica orientadas al desarrollo de investigación fundamental y aplicada en áreas de alto impacto tecnológico.

Entre las temáticas abordadas destacan los métodos multi-paramétricos para ecuaciones diferenciales hiperbólicas, el desarrollo de gemelos digitales aplicados a mecánica de estructuras y una línea de trabajo conjunta con Georgia Tech enfocada en la integración de modelos tradicionales de mecánica de fluidos con mediciones experimentales obtenidas mediante transductores de ultrasonido diseñados por el laboratorio colaborador.

Estas iniciativas buscan fortalecer la participación de la Escuela de Ingeniería Civil en redes internacionales de investigación avanzada, promoviendo además la generación de conocimiento interdisciplinario y el desarrollo de soluciones aplicadas a problemáticas de ingeniería.

Asimismo, la colaboración contempla oportunidades de formación de capital humano a través del intercambio de estudiantes y el desarrollo de trabajos de tesis de pregEl académico de la Escuela de Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Rodrigo Herrera, dio a conocer los principales resultados del proyecto FONDECYT de Iniciación titulado “Sistema de Gestión Colaborativa para el Diseño de Proyectos de Edificación”, investigación orientada a fortalecer los procesos de gestión durante la etapa de diseño en la industria de la construcción.

El proyecto surge a partir de la necesidad de abordar uno de los espacios más críticos y menos estructurados dentro de los proyectos de edificación: la fase de diseño. En este contexto, la investigación se enfocó en diseñar y validar un sistema de gestión colaborativa que permita mejorar la planificación, ejecución y control del diseño, integrando herramientas y enfoques como Lean Construction, BIM y metodologías ágiles.

Entre los principales resultados obtenidos se encuentra el desarrollo de un sistema estructurado para la gestión de la fase de diseño, propuestas orientadas a fortalecer la colaboración entre actores del proyecto, instrumentos para evaluar el desempeño del diseño y evidencia relacionada con prácticas que impactan la productividad en proyectos de construcción.

La iniciativa busca contribuir al desarrollo de procesos de diseño más integrados, eficientes y colaborativos, promoviendo la vinculación entre investigación aplicada y los desafíos actuales de la industria de la construcción.

Asimismo, el académico destacó el trabajo colaborativo realizado junto a estudiantes, investigadores y profesionales que participaron durante los tres años de ejecución del proyecto. Entre quienes contribuyeron a esta iniciativa se encuentran Karen Castañeda, Gabriela Alvarado, Benjamín Aravena, Benjamín López, Adriana Luna, Nicolás Morales, Matías Zambrano, Manuel San Martín, Javiera Jerez, Sebastián Parraguez, Jossiane Recabarren, Rodrigo Vergara, Valentina Prado, Matías Baeza, Gabriel Millon, Fernanda Kutscher y Bárbara Calderón, además del apoyo institucional de la Escuela de Ingeniería Civil PUCV, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y ANID Chile.rado y postgrado, contribuyendo a ampliar las oportunidades académicas y de investigación para la comunidad estudiantil de la Escuela.

  1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Profesor Felipe Galarce realiza pasantía de investigación en Atlanta, Estados Unidos

La visita académica a Emory University y la colaboración con Georgia Tech permitió iniciar nuevas líneas de investigación conjunta en modelación matemática, mecánica de fluidos y gemelos digitales.

Durante el mes de enero, la Escuela de Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso fortaleció sus vínculos internacionales mediante la pasantía de investigación realizada por el académico Felipe Galarce en la Emory University, ubicada en Atlanta, Georgia, Estados Unidos.

La visita se desarrolló junto al grupo de investigación liderado por el Dr. Alessandro Veneziani, instancia en la que se dio inicio a diversas actividades de colaboración científica orientadas al desarrollo de investigación fundamental y aplicada en áreas de alto impacto tecnológico.

Entre las temáticas abordadas destacan los métodos multi-paramétricos para ecuaciones diferenciales hiperbólicas, el desarrollo de gemelos digitales aplicados a mecánica de estructuras y una línea de trabajo conjunta con Georgia Tech enfocada en la integración de modelos tradicionales de mecánica de fluidos con mediciones experimentales obtenidas mediante transductores de ultrasonido diseñados por el laboratorio colaborador.

Estas iniciativas buscan fortalecer la participación de la Escuela de Ingeniería Civil en redes internacionales de investigación avanzada, promoviendo además la generación de conocimiento interdisciplinario y el desarrollo de soluciones aplicadas a problemáticas de ingeniería.

Asimismo, la colaboración contempla oportunidades de formación de capital humano a través del intercambio de estudiantes y el desarrollo de trabajos de tesis de pregrado y postgrado, contribuyendo a ampliar las oportunidades académicas y de investigación para la comunidad estudiantil de la Escuela.

  1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Académico de Ingeniería Civil PUCV participa en proyecto FONDECYT Regular sobre modelación numérica de flujos térmicamente acoplados

El académico Felipe Galarce participa en el proyecto FONDECYT Regular 1250287, iniciativa orientada al desarrollo de modelos numéricos avanzados con aplicaciones en energía solar y procesos de congelación de alimentos.

Aacadémico de la Escuela de Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Felipe Galarce, participa en el proyecto FONDECYT Regular 1250287 titulado “Accurate stabilized reduced order models for direct and inverse problems in nonlinear thermally coupled liquid-solid phase-change flows”, investigación centrada en el estudio numérico de fluidos térmicamente acoplados y sus aplicaciones en distintos ámbitos industriales.

El proyecto aborda la resolución de ecuaciones de Navier-Stokes junto con leyes de conservación de temperatura mediante métodos de estabilización multi-escala, permitiendo avanzar en el desarrollo de modelos numéricos de alta precisión para problemas asociados a flujos con cambio de fase líquido-sólido.

La investigación contempla aplicaciones relevantes para la economía chilena, particularmente en áreas como la congelación de alimentos y la energía solar, donde el comportamiento térmico de los fluidos resulta fundamental para optimizar procesos y mejorar la eficiencia de distintas tecnologías.

La participación del académico Felipe Galarce en esta iniciativa fortalece el desarrollo de investigación avanzada en la Escuela de Ingeniería Civil, contribuyendo al vínculo entre modelación matemática, simulación computacional y problemáticas de interés industrial y energético.

Como parte de los resultados asociados al proyecto, recientemente se han publicado trabajos científicos derivados de esta línea de investigación, aportando al avance del conocimiento en modelación numérica y transferencia tecnológica aplicada.

  1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Escuela de Ingeniería Civil PUCV presenta a la comunidad su Cuerpo Directivo 2026

El equipo, liderado por el director Jorge Carvallo, estará a cargo de fortalecer la gestión académica, la vinculación con el medio y el desarrollo de la investigación en la Escuela.

La Escuela de Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso dio a conocer a su Cuerpo Directivo 2026, equipo que tendrá la responsabilidad de liderar los principales ámbitos de gestión académica, formación, investigación y vinculación con el medio durante el presente periodo.

El equipo directivo está encabezado por Jorge Carvallo, en calidad de director de la Escuela, y lo integran además Rodrigo Herrera, como Secretario Académico; Juan Carlos Vielma, como Jefe de Docencia; Felipe Muñoz, como Jefe de Vinculación con el Medio; y Álvaro López, como Jefe de Investigación.

Un equipo orientado al desarrollo integral de la Escuela

La conformación del Cuerpo Directivo 2026 responde a la necesidad de consolidar una gestión articulada que permita abordar los desafíos actuales de la formación en ingeniería civil, fortaleciendo tanto la calidad académica como el vínculo con el entorno.

En este contexto, el equipo tendrá un rol clave en la coordinación de las distintas áreas estratégicas de la Escuela, promoviendo una formación pertinente, el desarrollo de investigación aplicada y una vinculación efectiva con la sociedad.

Fortalecimiento de áreas estratégicas

Entre los principales focos de trabajo del nuevo equipo directivo se encuentran el fortalecimiento de la docencia, el desarrollo de iniciativas de investigación y la consolidación de acciones de vinculación con el medio, en línea con los lineamientos institucionales de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Asimismo, se espera avanzar en la generación de espacios de articulación interna que permitan potenciar el trabajo colaborativo entre académicos, estudiantes y actores externos, contribuyendo al desarrollo integral de la Escuela.

Proyección institucional

La presentación del Cuerpo Directivo 2026 marca el inicio de una nueva etapa para la Escuela de Ingeniería Civil, orientada a enfrentar los desafíos de la formación en ingeniería en un contexto de creciente complejidad, innovación y vinculación con el entorno.

En este escenario, el trabajo del equipo directivo será fundamental para consolidar el posicionamiento de la Escuela, fortalecer su comunidad académica y proyectar su quehacer hacia el medio, en coherencia con los principios y valores de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

  1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Escuela de Ingeniería Civil PUCV lanza campaña “Pulso EIC 2026” para conformar red de monitores

La iniciativa busca convocar estudiantes que representen a la Escuela en actividades institucionales, fortaleciendo la vinculación con el medio y la experiencia de quienes interactúan con la EIC.

La Escuela de Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso presentó la campaña “Pulso EIC 2026”, una iniciativa orientada a la difusión, selección y activación de un equipo de monitores que participará en eventos, ferias, visitas y acciones de vinculación con el medio.

La propuesta se enmarca en una estrategia que busca fortalecer la visibilidad institucional a través de sus propios estudiantes, quienes actuarán como representantes de la experiencia EIC tanto en espacios presenciales como digitales.

Una red de monitores para representar la experiencia EIC

La campaña plantea la conformación de un equipo con alto estándar comunicacional y relacional, capaz de interactuar con distintos públicos y de transmitir de manera clara y cercana los atributos de la Escuela. En este contexto, el rol de monitor no se limita a funciones operativas, sino que se concibe como una instancia de representación, vocería y activación de comunidad.

Bajo la idea fuerza “la red de monitores que hace visible la Escuela”, la iniciativa busca consolidar un grupo de estudiantes que contribuya activamente a fortalecer la identidad institucional y la calidad de las experiencias vinculadas a la EIC.

Dos perfiles para una misma convocatoria

El proceso contempla una convocatoria única, pero con dos líneas de desarrollo interno: el rol de Monitor Embajador EIC, enfocado en vocería, participación en redes sociales y representación en actividades públicas; y el de Monitor Experiencia EIC, orientado al acompañamiento, apoyo logístico y gestión de experiencias en terreno.

Esta estructura permite ampliar el alcance de la convocatoria, manteniendo un estándar común de selección y asegurando una representación coherente de la Escuela en distintos contextos.

Convocatoria que busca talento con sentido institucional

A diferencia de convocatorias tradicionales, la campaña enfatiza la necesidad de atraer estudiantes con habilidades comunicacionales, capacidad de trabajo en equipo y comprensión del entorno digital, sin reducir el perfil a criterios de popularidad o visibilidad en redes.

El proceso de selección contempla distintas etapas, incluyendo formulario de postulación, preselección con criterios definidos, entrevistas breves y un desafío práctico orientado a evaluar la capacidad de comunicar y representar la experiencia EIC.

Asimismo, la propuesta destaca la importancia de comunicar de manera clara los beneficios de participar en el programa, entre los que se incluyen formación, desarrollo de habilidades, experiencia para el currículum y oportunidades de networking.

Formación, experiencia y proyección

El programa considera una etapa de inducción inicial, en la que los estudiantes seleccionados recibirán formación en relato institucional, comunicación, trato con públicos y uso de herramientas digitales. Posteriormente, participarán en actividades reales, contribuyendo al desarrollo de experiencias vinculadas a la Escuela.

Además, se establece un modelo de seguimiento y evaluación que permitirá dar continuidad al programa, consolidando una red de monitores como capacidad permanente de la EIC.

Vinculación con el medio y posicionamiento institucional

La campaña se alinea con los lineamientos de vinculación con el medio de la PUCV, promoviendo una relación activa, sistemática y bidireccional con la comunidad. En este contexto, los estudiantes se posicionan como un puente entre la Escuela, su entorno y su comunidad digital.

A través de esta iniciativa, la Escuela de Ingeniería Civil busca fortalecer su posicionamiento institucional, mejorar la experiencia de quienes interactúan con ella y consolidar una estrategia de comunicación basada en la participación activa de sus estudiantes.

  1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Columna de Opinión: Académica EIC Karen Castañeda publica “No basta con digitalizar el diseño vial: hay que transformar la formación de quienes deciden la infraestructura”

Proyecto DI Iniciación PUCV 2025 | Código 039.726/2025

La transformación digital de la infraestructura vial también se construye en las aulas, en la formación de profesionales capaces de coordinar, decidir y proyectar con una mirada más integrada.

Cuando se habla de infraestructura vial, suele pensarse en kilómetros construidos, tiempos de viaje, costos de obra o estándares técnicos. Esa mirada, siendo necesaria, resulta incompleta. Una carretera, una intersección o una vía urbana no son únicamente soluciones de ingeniería. Son decisiones que reorganizan la movilidad cotidiana, condicionan la seguridad de las personas, alteran dinámicas económicas y terminan definiendo, de manera silenciosa pero persistente, la calidad de vida de los territorios. Por eso, discutir cómo se forman quienes diseñarán esa infraestructura no es un asunto interno de las escuelas de ingeniería. Es una cuestión de interés público. Durante años, buena parte del debate sobre innovación en construcción ha estado dominado por una lógica instrumental. Se enumeran programas, plataformas y capacidades de modelación como si la transformación del sector dependiera, casi exclusivamente, de incorporar nuevas herramientas digitales. Sin embargo, la experiencia muestra que la brecha principal no se explica solo por la disponibilidad de software. El punto más delicado sigue estando en la formación de los futuros profesionales, en la manera en que aprenden a coordinar información, anticipar conflictos, evaluar escenarios y tomar decisiones en contextos complejos.


Ese es precisamente el núcleo del proyecto de investigación que desarrollo en la Escuela de Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en el marco del proyecto DI Iniciación PUCV 2025. La pregunta que guía este trabajo no se limita a establecer si los modelos digitales BIM son útiles en la formación de diseñadores de proyectos viales. La discusión de fondo es más exigente: qué beneficios generan, qué barreras persisten, qué limitaciones institucionales los restringen y qué condiciones deben modificarse para que su incorporación tenga efectos reales en la formación profesional.


La investigación confirma algo que debiera interesar tanto a universidades como a organismos públicos y al sector productivo. Los estudiantes reconocen que BIM aporta valor en dimensiones que inciden directamente en la calidad del diseño y en la futura gestión de los proyectos. Entre los beneficios más relevantes aparecen una mejor visualización y comprensión de proyectos lineales, un refinamiento del proceso de planificación y diseño, una gestión más eficiente de recursos y una mejora en la toma de decisiones. No se trata, entonces, de una tecnología ornamental ni de un lenguaje de moda. Se trata de una metodología que puede fortalecer competencias vinculadas con la anticipación de interferencias, el análisis de alternativas, la coordinación interdisciplinaria y la lectura integral del ciclo de vida de la infraestructura.


Ese hallazgo merece una lectura más ambiciosa. En proyectos viales, decidir mal tiene consecuencias costosas. Una definición insuficiente del trazado, una coordinación deficiente entre disciplinas o una comprensión fragmentada del proyecto no solo derivan en sobrecostos y retrasos. También comprometen la seguridad, la mantenibilidad y la capacidad de responder a necesidades reales del territorio. Desde esa perspectiva, la formación de diseñadores con capacidad para trabajar mediante modelos integrados, simulaciones y criterios colaborativos adquiere una relevancia directa en la prevención de errores que luego repercuten en la obra, en la operación y en el entorno social al que esa infraestructura sirve.


El mismo estudio muestra que la adopción de BIM en la formación vial enfrenta obstáculos significativos. Los estudiantes identifican como desafíos centrales el acceso limitado a equipamiento computacional adecuado, la escasa integración de BIM en los planes de estudio y la curva de aprendizaje prolongada que exige esta metodología. A ello se suman barreras más profundas, como los altos costos iniciales, la insuficiente formación especializada y la ausencia de una cultura organizacional que favorezca la innovación y la colaboración. Cuando una metodología introduce nuevas formas de representación, coordinación y gestión de información, también invita a revisar decisiones curriculares, capacidades docentes y prioridades institucionales. Si las universidades buscan preparar profesionales en condiciones de responder a la complejidad actual de la infraestructura, conviene que ese compromiso con la transformación digital se traduzca progresivamente en ajustes académicos, organizacionales y pedagógicos coherentes con ese propósito.


Aquí aparece una cuestión especialmente relevante para Chile y para la región. La modernización de la infraestructura no puede sostenerse exclusivamente sobre importación tecnológica ni sobre adaptación tardía a exigencias externas del mercado. Requiere capacidad de producir conocimiento situado, de comprender las particularidades de los proyectos lineales, de evaluar cómo se enseña y de identificar qué factores facilitan o bloquean la incorporación efectiva de nuevas metodologías en contextos formativos reales. En ello reside una contribución universitaria de alto valor público, porque permite generar evidencia útil para orientar decisiones que inciden en la formación profesional y, a mediano plazo, en la calidad de la infraestructura que llegará a ejecutarse.


Desde esa convicción, el aporte de la PUCV trasciende el espacio de la investigación especializada. Al estudiar con rigor cómo se forman los diseñadores de proyectos viales y qué condiciones favorecen una adopción más efectiva de metodologías digitales como BIM, la Universidad aporta a una discusión que repercute en seguridad vial, eficiencia en el uso de recursos, calidad del diseño y capacidad institucional para responder a desafíos territoriales complejos. Dicho de otro modo, fortalecer la formación de quienes proyectan infraestructura también es una manera de contribuir al bienestar colectivo.


La discusión, por supuesto, no termina en la sala de clases. Las empresas, las instituciones públicas y los entornos regulatorios también deben asumir responsabilidades. La formación universitaria puede abrir capacidades, pero su consolidación depende de ecosistemas que valoren la coordinación interdisciplinaria, la trazabilidad de la información, el trabajo colaborativo y la toma de decisiones basada en evidencia. Cuando ese entorno no existe, incluso las mejores iniciativas académicas quedan confinadas a experiencias aisladas. Por eso, uno de los mensajes centrales de esta investigación es que la adopción de BIM en proyectos viales debe entenderse como un proceso compartido entre universidad, industria y entorno institucional.


Conviene insistir en una idea final. La pregunta decisiva no es si las escuelas de ingeniería deben enseñar más software. La pregunta decisiva es si están formando profesionales capaces de comprender la complejidad de la infraestructura que la sociedad necesita. En esa respuesta se juega mucho más que una actualización metodológica. Se juega la posibilidad de diseñar obras mejor coordinadas, más seguras, más sostenibles y más pertinentes para los territorios. La transformación digital de la infraestructura vial no comienza en la pantalla. Comienza en la calidad de las preguntas que una universidad se atreve a formular sobre la formación de sus futuros profesionales. Y allí, precisamente, la investigación que impulsa la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso busca aportar con evidencia, reflexión crítica y compromiso con un problema cuya relevancia excede con mucho el ámbito académico.


  1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Columna de Opinión: Académica EIC Betzabeth Suquillo publica “La demanda sísmica: el ‘cliente’ que no admite supuestos cómodos”

Betzabeth Suquillo, Ph.D. en Ingeniería (Proyecto DI-Iniciación-PUCV COD.039.734/2025)

En ingeniería sísmica hay una verdad operativa: la respuesta estructural no existe en el vacío. No basta con “diseñar bien” una estructura; es imprescindible definir qué demanda sísmica la exigirá, porque esa demanda, junto con la configuración estructural, transforma la teoría en desempeño, y el desempeño en seguridad pública. Esto, naturalmente, incorpora incertidumbre. Pero omitirla o tomarla a la ligera no la reduce: simplemente la desplaza hacia el lugar equivocado del riesgo.

El problema se vuelve evidente cuando recordamos que muchos códigos adoptan el factor de reducción sísmica R como si fuese un valor constante. En rigor, R no es una constante física: depende del sistema y de la interacción entre ductilidad μ (ductility), sobrerresistencia Ω (overstrength) y redundancia ρ (redundancy). Por ello, los valores simplificados pueden ocultar la sensibilidad real del comportamiento inelástico frente a la configuración estructural y sus mecanismos de disipación.

Si R depende de cómo está configurado el sistema, entonces un “mismo” sismo —o, más precisamente, una misma familia de demandas— no puede generar la misma respuesta en estructuras distintas. Esto no es un detalle académico: es gobernanza del riesgo. En consecuencia, la “capacidad de reducir fuerzas” solo se entiende como una propiedad del sistema bajo una demanda concreta, no como un promedio abstracto.

Por lo mismo, hablar con rigor de respuesta estructural exige hablar con el mismo rigor de demanda sísmica. Existen múltiples tipos de análisis para caracterizar el desempeño, pero cuando se busca una representación más realista resulta especialmente informativo el uso de registros sísmicos en análisis historia de tiempo. En ese punto aparece una decisión técnica crítica: qué componentes de movimiento se adoptarán.

Normas de uso extendido, como ASCE/SEI 7-22 (American Society of Civil Engineers / Structural Engineering Institute), recomiendan emplear al menos siete registros para obtener estimaciones representativas. Sin embargo, esta guía abre una pregunta inevitable: ¿cómo seleccionar esos registros? La representatividad no depende solo del número, sino de la coherencia entre amenaza, sitio, periodo de interés y tipología estructural, entre otros factores.

Una de las metodologías ampliamente utilizadas exige que los registros sean compatibles con el espectro de diseño del sitio, aplicando escalamiento para reflejar la demanda local relevante. Cuando se implementa correctamente, este procedimiento explicita criterios, reduce sesgos y hace trazable el vínculo entre amenaza y evaluación estructural. Además, desde una perspectiva formativa, obliga a conectar espectros e intensidad con indicadores de respuesta y daño, fortaleciendo el criterio ingenieril de los estudiantes.

Surge entonces la objeción típica: “pero la demanda es incierta”. Correcto. Y también lo son la corrosión, la resistencia efectiva de los materiales y el comportamiento post-peak. La incertidumbre no es una excusa para no modelar; es una razón para modelar mejor, con supuestos explícitos y trazabilidad. En términos de gestión, no se “elimina” la incertidumbre: se administra mediante selección y escalamiento de registros, rangos de periodos de interés y criterios consistentes con la normativa y el emplazamiento.

La alternativa —usar una demanda genérica— equivale, en la práctica, a transferir riesgo al usuario final. Y ese usuario no es abstracto: es la comunidad. Aquí emerge un segundo aprendizaje con valor docente: incluso la forma de “definir” R puede entenderse como producto de parámetros de comportamiento. Según FEMA 451B (Federal Emergency Management Agency), R puede expresarse como el producto de ductilidad, sobrerresistencia y redundancia.

Esa formulación invita a dejar de tratar R como un número heredado y comprenderlo como un resultado emergente, que surge de cómo el sistema disipa, redistribuye y resiste bajo una demanda sísmica particular y representativa.

En síntesis, definir la demanda sísmica no es un trámite: es una decisión técnica estructurante y, al mismo tiempo, una decisión ética. Determina cuánto de la incertidumbre estamos dispuestos a gestionar con ciencia y cuánto dejamos a la suerte. Evaluar el sistema como sistema, integrar disciplinas y adoptar procedimientos que acerquen la demanda a lo que el sitio realmente puede imponer forma parte del estándar profesional. En el fondo, la demanda sísmica es ese stakeholder que no asiste a reuniones… pero siempre termina “categorizando” el desempeño.

  1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Columna de Opinión: Académica EIC Karen Castañeda publica “Construir mejor también exige aprender a colaborar”

Proyecto DI Iniciación PUCV 2025 | Código 039.726/2025

Formar para colaborar no es un detalle curricular. Es una manera concreta de contribuir a la calidad de los proyectos que luego recibe la sociedad.

En construcción, muchos de los problemas que deterioran un proyecto no nacen en la obra. Aparecen antes, cuando los equipos no logran entenderse, cuando la información circula de manera fragmentada y cuando cada disciplina avanza como si trabajara sola. Allí comienzan buena parte de los sobrecostos, los retrasos, las incompatibilidades y las decisiones deficientes que después terminan afectando la calidad del resultado. Por eso, la colaboración no debiera seguir tratándose como una habilidad secundaria dentro de la formación profesional.


Durante años, la enseñanza de la ingeniería y de la construcción ha privilegiado el dominio técnico individual. Ese énfasis explica una parte importante de la solidez disciplinar con que egresan muchos profesionales. El problema aparece cuando ese aprendizaje se vuelve insuficiente frente a proyectos cada vez más complejos, donde decidir bien exige coordinar información, dialogar con otras especialidades, anticipar conflictos y sostener criterios compartidos. Hoy, trabajar bien con otros no constituye una destreza complementaria. Constituye una condición básica para responder con rigor a las exigencias reales del sector.


Por eso resulta tan importante preguntarse qué papel cumplen las metodologías de trabajo colaborativo en la formación universitaria, la colaboración merece ser discutida con mucha más seriedad dentro de la formación universitaria. No como una habilidad blanda, no como un complemento deseable, y menos aún como una consigna pedagógica. En construcción, colaborar es una capacidad técnica. Supone comprender el proyecto como un sistema, reconocer que ninguna decisión importante ocurre en aislamiento y asumir que la calidad final depende, en parte importante, de cómo se conectan las distintas miradas que intervienen en su desarrollo.


Lo interesante aquí no radica únicamente en reconocer que una herramienta digital puede aportar ventajas. Más bien, conviene observar con atención lo que esta evidencia sugiere sobre la formación profesional que hoy demanda el sector. Cuando los estudiantes perciben que BIM les ayuda a coordinar tareas, compartir información, deliberar con otros y construir decisiones colectivas con mayor claridad, la discusión deja de centrarse solo en el uso de una plataforma. Pasa a abrir una reflexión más amplia sobre nuevas formas de aprender a ejercer la profesión.


Conviene detenerse en ese punto. En construcción, colaborar no equivale a trabajar en un ambiente cordial. Colaborar significa comprender cómo una decisión tomada en una disciplina altera el trabajo de otra, reconocer a tiempo una interferencia que puede transformarse en un problema mayor y sostener conversaciones técnicas que permitan resolver tensiones sin perder coherencia de proyecto. Se trata de una capacidad profundamente práctica, pero también intelectual. Exige criterio, escucha, articulación y responsabilidad frente a decisiones que rara vez afectan a un solo actor.


Por esa razón, formar para colaborar implica mucho más que introducir nuevas dinámicas de aula. Implica revisar con seriedad el modo en que las universidades entienden la preparación de sus estudiantes. Una formación centrada exclusivamente en desempeños individuales puede resultar cómoda de administrar, pero deja vacíos importantes cuando el ejercicio profesional demanda articulación interdisciplinaria, trazabilidad de la información y capacidad de decisión compartida. En cambio, una formación que incorpora metodologías como BIM dentro de experiencias integradoras abre la posibilidad de ejercitar formas de trabajo más cercanas a la complejidad real de los proyectos.


No se trata de idealizar la tecnología. El aporte de BIM en este campo no radica en una supuesta capacidad automática para resolver los problemas de la educación o de la industria. Su mayor valor aparece cuando permite estructurar experiencias formativas donde los estudiantes deben coordinarse, negociar, contrastar criterios y comprender el proyecto como un sistema interdependiente. Allí la herramienta deja de ser el centro de la discusión. Pasa a ser un medio para fortalecer capacidades que el sector necesita con urgencia.


A mi juicio, esta discusión tiene un alcance que sobrepasa con claridad el espacio universitario. Un profesional que aprende a trabajar de forma articulada, que sabe compartir información de manera ordenada y que comprende el impacto cruzado de las decisiones técnicas está mejor preparado para intervenir en proyectos donde los errores de coordinación suelen traducirse en pérdidas económicas, conflictos entre actores y soluciones de menor calidad. La colaboración, bien entendida, tiene efectos concretos sobre el desempeño futuro de la construcción. Por eso su fortalecimiento durante la formación inicial constituye también una contribución al interés público.


Aquí las universidades tienen una responsabilidad que no conviene reducir a la actualización de software o de contenidos. La pregunta importante no es qué herramienta incorporar para parecer contemporáneos. La pregunta importante es qué tipo de profesionales estamos formando y qué capacidades necesitarán para enfrentar proyectos cada vez más exigentes, más coordinados y más expuestos a demandas de eficiencia, sostenibilidad y trazabilidad. En esa respuesta, la colaboración ocupa un lugar decisivo.


Esta discusión conversa además con la línea de investigación impulsada por el Proyecto DI Iniciación PUCV 2025. Aunque el proyecto se concentra en la adopción de BIM en la formación de diseñadores de proyectos viales y en las percepciones de distintos actores sobre sus beneficios, barreras y limitaciones, el análisis del desarrollo de competencias colaborativas amplía esa conversación hacia una dimensión formativa de gran valor. Permite reconocer que la incorporación de metodologías digitales también puede influir en la forma en que los futuros profesionales aprenden a coordinarse, liderar y decidir en entornos complejos.


Allí se encuentra un aporte que la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso puede ofrecer a la sociedad desde su investigación. Estudiar con rigor cómo se fortalecen estas capacidades durante la formación en construcción no responde únicamente a una inquietud académica. Permite producir evidencia útil para mejorar procesos educativos que más adelante repercutirán en la práctica profesional, en la articulación entre disciplinas y en la calidad de los proyectos que llegan a materializarse. Ese vínculo entre investigación, formación y aporte público merece ser puesto en el centro de la discusión.


La construcción de mejores proyectos comienza mucho antes de la obra. Comienza en la formación de quienes deberán sostener conversaciones técnicas difíciles, ordenar información dispersa, compatibilizar intereses diversos y tomar decisiones en escenarios de alta interdependencia. Enseñar a colaborar con método, exigencia y visión interdisciplinaria representa, en ese sentido, una manera seria de contribuir al futuro del sector y al bienestar colectivo.

  1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Académico EIC Felipe Muñoz participa en desarrollo de sistema de intervención cognitiva para personas con deterioro cognitivo leve

Felipe Muñoz, de la Escuela de Ingeniería Civil, y Vanessa Vega, de la Escuela de Pedagogía, son los inventores PUCV de la Solicitud Internacional N.° PCT/CL2026/050036, desarrollada en conjunto con la Universidad de Las Américas para apoyar intervenciones terapéuticas personalizadas en personas con deterioro cognitivo leve.

La iniciativa se enmarca en el área de la salud y propone una plataforma tecnológica destinada a fortalecer los procesos de intervención en personas con deterioro cognitivo leve, condición que afecta principalmente a adultos mayores y que demanda estrategias cada vez más oportunas, precisas y adaptables.

Innovación con base científica

El desarrollo surge a partir de un proyecto NAM financiado por ANID, ejecutado junto con la investigadora Izaskun Álvarez, de la Universidad de Las Américas. La investigación tuvo por objetivo evaluar los efectos del uso combinado de realidad virtual y estimulación transcraneal en personas diagnosticadas con deterioro cognitivo leve.

Durante 2024 se realizaron pruebas con un grupo de voluntarios, en un proceso de intervención de tres meses. Los resultados evidenciaron mejoras en distintos indicadores cognitivos, medidos mediante test estandarizados, lo que permitió respaldar la proyección de esta solución tecnológica.

Plataforma orientada a la personalización terapéutica

La tecnología consiste en una plataforma que integra escenarios de realidad virtual con estimulación transcraneal, permitiendo trabajar diversas habilidades cognitivas en entornos inmersivos diseñados especialmente para este propósito.

El sistema incorpora distintos niveles de complejidad y un componente de análisis de datos que ajusta los desafíos y actividades de acuerdo con el desempeño de cada usuario. De este modo, se favorece una intervención progresiva y personalizada, acorde con las necesidades particulares de quienes participan en el proceso.

La iniciativa busca aportar al desarrollo de herramientas innovadoras, efectivas y escalables para el abordaje del deterioro cognitivo leve, complementando estrategias terapéuticas existentes y contribuyendo al bienestar de las personas.

Protección tecnológica y articulación institucional

La presentación de la solicitud de patente constituye un paso relevante para resguardar el conocimiento generado en el entorno universitario. Asimismo, valida el carácter innovador del desarrollo y fortalece sus posibilidades de transferencia tecnológica y aplicación futura.

Este proceso ha contado con el apoyo de las Oficinas de Transferencia y Licenciamiento de la PUCV y de la UDLA, que han trabajado de manera coordinada en la gestión legal, la búsqueda de anterioridad, la elaboración de antecedentes técnicos y el cumplimiento de los procedimientos requeridos para la protección de la invención.

Proyección y próximos pasos

Actualmente, el equipo avanza en nuevas etapas de validación y escalamiento. En ese marco, se han desarrollado experiencias complementarias tanto en Chile como en el extranjero, incluyendo pruebas en España, con el objetivo de ampliar la base de participantes y fortalecer la evidencia científica del proyecto.

Junto con ello, se trabaja en la postulación a iniciativas de mayor alcance y en la generación de vínculos con centros de salud que permitan proyectar la implementación de esta solución en contextos reales. De manera complementaria, y con apoyo de la PUCV, se impulsa el desarrollo de una red de salud basada en realidad virtual para ampliar el alcance de esta tecnología en distintos espacios clínicos

  1. Iniciokeyboard_arrow_right
  2. Noticias

Académico EIC Felipe Muñoz recibe reconocimiento de la Municipalidad de Petorca por su aporte a la ciencia aplicada al envejecimiento

El académico de la Escuela de Ingeniería Civil PUCV fue distinguido por la Municipalidad de Petorca por su liderazgo en la aplicación de tecnologías de realidad virtual orientadas a promover la salud, la autonomía y el desarrollo de entornos inclusivos para personas mayores.

El académico de la Escuela de Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Felipe Muñoz, recibió un reconocimiento por parte de la Municipalidad de Petorca, en mérito a su destacada contribución en la aplicación de la ciencia moderna del envejecimiento, integrando tecnologías de realidad virtual como herramienta para el fortalecimiento de la salud, la autonomía y la inclusión social.

La distinción destaca el trabajo desarrollado por el académico en el diseño e implementación de experiencias inmersivas basadas en realidad virtual, orientadas a generar impactos positivos en la calidad de vida de personas mayores. Estas iniciativas combinan conocimiento científico, innovación tecnológica y un enfoque centrado en las personas, permitiendo explorar nuevas formas de intervención en ámbitos como la estimulación cognitiva, el bienestar emocional y la promoción de entornos más accesibles.

Desde una perspectiva interdisciplinaria, el trabajo de Felipe Muñoz ha permitido vincular la ingeniería con desafíos sociales emergentes, posicionando a la tecnología como un medio para responder a problemáticas asociadas al envejecimiento de la población. En este contexto, la realidad virtual se presenta como una herramienta con alto potencial para generar experiencias significativas, seguras y adaptadas a las necesidades de distintos grupos etarios.

El reconocimiento otorgado por la Municipalidad de Petorca pone en valor el impacto territorial de estas iniciativas, destacando la importancia de acercar el conocimiento científico y tecnológico a las comunidades, así como de fomentar colaboraciones entre la academia y los gobiernos locales para el desarrollo de soluciones innovadoras con sentido social.

Esta distinción reafirma el compromiso de la Escuela de Ingeniería Civil PUCV con la investigación aplicada, la innovación y la vinculación con el medio, impulsando proyectos que integran ciencia, tecnología y responsabilidad social, y que contribuyen activamente a mejorar la calidad de vida de las personas y a construir una sociedad más inclusiva.